anterior siguiente

La sensibilidad ambiental como impulso de una nueva arquitectura

Felipe Pich-Aguilera y Teresa Batlle
prólogo
Ante la emergencia de un nuevo paradigma, la arquitectura contemporánea incorporará la sensibilidad ambiental catalizando de ese modo un nuevo impulso para la invención, la expresión formal y la belleza.

Sección constructiva. Espai Cousteau-Planeta Oceá. Sant Feliu de Guíxols, Girona. Pich-Aguilera Arquitectes.

Somos la primera generación que hemos visto nuestro propio planeta desde fuera y este hecho no puede sernos indiferente. Percibimos la evidencia de la atmósfera como una envolvente tangible que filtra las condiciones naturales de la intemperie y produce un clima interior sin el cual no podríamos vivir.
En este sentido podemos decir que la atmósfera natural es en sí misma una primera arquitectura que nos cobija y por tanto, cualquier edificación que construyamos en su interior es siempre complementaria. Paradójicamente en la actualidad la construcción es el mayor emisor de CO2 a la atmósfera y el principal responsable de su degradación.
¿No es este hecho una contradicción en sí mismo?
En cualquier caso es el resultado de cierto modelo irreflexivo de progreso sin más paradigma que la eficacia en la propia acción y que a nuestro modo de ver ha ido consolidándose desde la primera gran crisis energética de los setenta.
Hemos visto como la arquitectura se ha despojado uno tras otro de los compromisos tecnológicos y sociales que nutrían su ideología, para entregarse con demasiado entusiasmo vehicular y escenificar ese modelo de desarrollo, extraviándose en la mera experiencia de sus formas.
Todos hemos asumido una separación inevitable entre la arquitectura y las máquinas como un eco romántico y trasnochado entre pasión y razón. La arquitectura se ocupa libremente de la expresión formal, generando una serie de problemas funcionales, constructivos y sobre todo climáticos, que han de resolverse mediante la disposición de máquinas, que por otro lado deben permanecer ocultas.
Sin embargo la arquitectura debe ser en sí misma una máquina generadora de su propio clima interior.
En este sentido desde un punto de vista ambiental sería razonable considerar la edificación como una sucesión de atmósferas artificiales subordinadas en cuyo interior se producen por filtraje unas condiciones climáticas y ambientales determinadas que permiten unas actividades más especializadas.
Finalmente aún nos queda un último paso al aceptar dignamente que no construimos para la eternidad y que es precisamente esa caducidad inevitable la que nos compromete en el tiempo, al obligarnos a mesurar el esfuerzo que supone edificar, usar y posteriormente disolver nuestra construcción, para que perviva como sustrato de otra construcción nueva.
Ante la emergencia de un nuevo paradigma la arquitectura contemporánea incorporará la sensibilidad ambiental de su tiempo catalizando de ese modo un nuevo impulso para la invención, la expresión formal y la belleza que le es propia.

Felipe Pich-Aguilera y Teresa Batlle
Barcelona, enero 2009