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Vitalidad

presentación
Este número de Tectónica está dedicado al único material vivo que habitualmente utilizamos en arquitectura. Estamos acostumbrados a que los elementos que usemos presenten distintas variaciones a lo largo de su vida útil, pero no suelen ocurrir de manera tan profusa como con la madera: hay especies vegetales que son capaces de crecer a partir de pequeños esquejes y muchos árboles mantienen signos vitales después de ser apeados, datos que hay que tener en cuenta para entender que el proceso de formación de la madera no está acabado cuando ésta entra en la obra.
En algunas culturas, los ritos de reposición de piezas deterioradas en construcciones en madera son auténticos espectáculos ceremoniales que representan la permanencia de la construcción frente a la brevedad de la vida animada, sea ésta humana o vegetal.
Quienes hayan crecido en zonas madereras recordarán el color y la luz de sus bosques. Pero no es menos importante su olor, el olor de la madera cortada e incluso el del serrín. Son olores intensos que, aunque al intervenir en el proceso constructivo no son duraderos y suelen identificarse con la obra nueva, aportan a la construcción el sentido del olfato, habitualmente subestimado en esta profesión. Sorprenden, en este sentido, propuestas en las que la corta vida del edificio garantiza que el olor de la madera no lo abandone; este es el caso de la acumulación de madera secándose con la que Zumthor resuelve el pabellón suizo para la Expo 2000 de Hannover, proyecto que supone una experiencia para todos los sentidos y donde el olfato juega un papel especial.
Otro aspecto peculiar de la madera frente a otros materiales es el de su conservación y limpieza porque, según el método que se utilice, su evolución será diferente. En cuanto a su conservación, podemos decir que los sistemas que se utilizan tienden, por lo general, a oscurecer la madera. Tal vez los métodos más interesantes están desapareciendo porque requieren mucho esfuerzo y dedicarles mucho tiempo, aunque hay algunos sistemas que pueden reemplazarlos parcialmente, como por ejemplo los aceites, producto que al ser natural respeta al máximo las propiedades de la madera. Un capítulo especial habría que dedicar a la madera sin tratar y limpiada con caolín que poco a poco va acentuando el relieve de sus vetas como si de venas se tratase y que arquitectos como Carl Petersen ensalzaban con estas palabras: “La superficie de la madera recién cortada es algo transparente debido a su contenido en resina. Si se desgasta lo bastante con jabón y arena, la resina se eliminará gradualmente y la madera adoptará un color blanco y una superficie firme, características muy atractivas para quien las vea. No sé cuántos años han de pasar antes de que se logre esta agradable textura... pero creo que la madera bien lavada de los exteriores de estas casas y de los viejos y desgastados suelos, es una de las texturas más encantadoras que hay”1.
Frente a esta línea que procura dejar que el material respire y viva aun dentro de una estructura impuesta como es la de una construcción, existe otra línea opuesta que trata de lograr la inalterabilidad de la madera: tableros a base de fibras con todo tipo de aglomerantes, chapas de madera reconstituida, pavimentos laminados con acabados de PVC que lleva a preguntarnos porqué no utilizar directamente elementos totalmente artificiales, como parecía presagiar la década de los setenta. Y en esta respuesta entra un factor subjetivo, ajeno al mundo industrial pero determinante en la arquitectura: la madera representa el confort; un confort y una calidez que además, con las nuevas técnicas, resisten cualquier situación. La madera como revestimiento nos permite ese contacto amable que muchas obras requieren.
Y, enlazando con este último aspecto intangible de la madera, habría que destacar la capacidad de este material como portador de significados; ha servido como medio de expresión cultural en todas las civilizaciones, aunque muchas de estas piezas hayan desaparecido por su propia naturaleza perecedera y en ocasiones la madera haya servido de soporte quedando oculta bajo pinturas o enlucidos.
Hoy en día la madera sigue siendo un importante vehículo de expresión, tanto en su manera más natural –piénsese en el bosque pintado de Ibarrola o en la recuperación del mismo artista de las traviesas de tren–, como en su faceta más elaborada –así las creaciones de Willi Kopf en las que aprovecha las características que ofrecen unos simples tableros aglomerados para manifestar una serie de relaciones entre la cara de los tableros y su canto–. Ejemplos de la vitalidad de un material antiguo.

1. Carl Petersen “Stoflige Virkninger”. Texturas. Architekten 1919, págs 253-257.